Crítica de FROZEN, el Reino del Hielo

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Basada en La Reina de las Nieves de Andersen… Pues no.

Hasta qué punto una buena película puede describirse con una veintena de líneas de emoticonos, pues no lo sé, sólo sé que FROZEN, la última película en 3D de Disney se la resumí a mis amigos de ASIFA-Cat con emoticonos por el Whatsapp y se enfadaron conmigo porque al verlo me dijeron que ya no tenía gracia ver la peli, que les había hecho un spoiler.

Lo siento, mi intención no era chafarles la película, tras una breve crítica previa con emoticonos se me ocurrió la idea de resumirla sin usar palabras y la peli es tan plana que sin querer la conté toda, bueno, casi toda. He de decir que Frozen es muy predecible, salvo un par de cosas que no lo son y sobre las que no les conté nada (y se quedarán sin saberlo salvo que la vean o las adivinen si ponen un poco de atención en los trailers de la misma productora).

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Como otras muchas películas de la saga Disney, ésta es cruel y desconcertante en su inicio. (Por favor,  pasad a cuatro párrafos más abajo si aún no se ha visto la película). Cruel por las típicas defunciones familiares siempre presentes como una maldición eterna, y desconcertante porque hay una serie de acontecimientos fundamentales para los personajes que se resuelven de una forma tan rápida y poco clara que los niños no llegan a comprender bien (estoy hablando de una franja de edad entre los seis y los noventa y nueve años; para los más peques de cinco hacia abajo ya no pillan nada, pero ellos tienen su dosis preescolar, con la presencia del muñeco de nieve, para que no se aburran).

En esta película se juega con el no saber gestionar bien los sentimientos ni los dones de cada uno, lo que lleva a los personajes a un sufrimiento absurdo. Se cae en una ocultación y separación sin sentido y en una mentira camuflada de giro de guión cuando no hacía falta, sacada de la manga en el último momento, y de la que sí se dan cuenta hasta los más pequeños que gritan a la pantalla “¡¡¡Mentiroso!!!” en un escape al sin sentido que nos muestran en la proyección.

Y como en otras muchas pelis Disney, las niñas lloran de verdad porque mientras están en su butaca se olvidan (bueno, no siempre) de otras referencias de Disney y sufren en su catarsis las penas de los personajes. Y en la oscuridad, mientras te aprietan la mano, no dejan de preguntarte por el estado de la protagonista: ¿Se ha muerto? ¿Y ahora sí se ha muerto? ¿Está muerta?… y una, que por suerte ya sabe que todas las películas infantiles de Disney terminan bien, les susurra al oído que no ha muerto, que seguro que todo se soluciona. Sinceramente: Gracias por terminar bien!!! ¿Qué esperaban? Y menos mal, porque si Frozen, el Reino del Hielo no tuviera un final feliz los psiquiatras tendrían gran cantidad de futuros clientes.

Siempre hay malos en las películas de Disney, aquí no importa mucho hasta que parece que han de buscar a uno más malo y “donde dije digo, digo Diego” (no os lo explico con más detalle que luego os enfadáis si aún no habéis visto la peli).

Como en otras, hay momentos musicales para que los personajes correteen por los decorados, nos describan sentimientos, nos hagan pensar que estamos viendo una función de Broadway y los animadores sigan demostrando lo bien que saben animar, y así es. Técnicamente está impecable, esto es algo que ya dominan desde hace años en Disney, y en esta ocasión se lleva la palma el vuelo de la falda del vestido de fiesta de Ana, fantástico. Y los efectos del palacio de hielo, paisajes nevados, y la escena en la que Elsa disfruta de su libertad.

¡Oh, la libertad! Algo tan ansiado por tantas mujeres y que aquí se consigue al huir y estar sola, de nuevo sentimientos mal gestionados. Y los poderes de Elsa, con esa gran magia a su alcance y sin saber dominarla.

No llego a entender porqué cuando a un personaje femenino cinematográfico se le concede un poder chulísimo nunca lo utiliza en todo su esplendor, siempre hay miedos estúpidos, represiones familiares o sociales: no lo uses en tu provecho, que nadie te vea usarlo, has de ser una mujer como las demás, y paparruchas por el estilo. Es como si para ellas no valiera la frase de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, como si para ellas tras esa frase se les dijera que si eso es así mejor que no usen sus poderes, mejor sufre, laméntate y ocúltalo… pero si eres hombre (tras una breve crisis de miedito) se ponen a usarlo y sacarle el mayor beneficio y sin miedo de mostrarlo en público. Pues a Elsa y otras magas, hechiceras, brujillas y mujeres normales les digo lo mismo ¡¡¡ÚSADLOS!!! Sí, usad vuestros poderes y si al hacerlo te caes, pues te levantas, aprendes, entrenas y lo sigues usando y no por tu maridito, tus hijos o los demás, sino por ti misma, porque TÚ LO VALES de VERDAD!!!!

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Ay, ya me olvidaba de la peli, en fin, que Frozen, el Reino del Hielo se hace  un poco larga porque en parte no pasa nada (no leer lo que viene a continuación si aún no habéis visto la peli, pasad al siguiente párrafo): Niña con un don que ha de ocultar hasta de su hermanita; don que al final sale a luz y niña huye; hermanita que la va a buscar con ayuda de los coleguitas de turno; lucha del bien y el mal; amor-desamor-amor; se derrite la nieve y vuelve a salir el sol…FIN

Todo aderezado de cancioncillas que podrán bajarse de internet; vestiditos para estas nuevas princesas Disney (no hace falta comprar la nueva muñeca, si en su día ya compraron a Rapunzel de Enredados sólo tienen que cortarle el pelo y teñirlo de castaño claro o de blanco para que sea una de las nuevas princesas Ana o Elsa); palacetes de plástico que dejarán congelado el bolsillo a más de uno y muñequitos de nieve en peluche calentito (vaya! el sueño de Olaf se hace realidad: abracitos cálidos) y en forma de llavero. Lo de siempre. Y ¿cómo resistirse a ello?

Difícil no caer en la tontuna de consumir los derivados de Frozen y más cuando ya han programado hasta en el más pequeño de la sala a un deseo por tener como amigo a ese inderretible muñequito de nieve feote, simpaticote y tontorrón que es el único que nos describe claramente sus deseos, unos deseos sencillos e ingenuos pero, al fin y al cabo, muy lícitos.

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Si aún tienen dudas de ir o no a ver Frozen, el Reino de Hielo piensen que antes de la peli en 3D pasan el corto Get a horse, un homenaje a Mickey Mouse y los primeros cortos en blanco y negro del ratoncillo. Este corto no se lo pueden perder.

Con un cruce con el mejor 3D, sí ese 3D de verdad que uno quiere ver en el cine: objetos que parece que puedas coger, esquirlas que salpican hacia la platea y te hacen agacharte para esquivarlas, aviones que hacen girar la cabeza a los peques que miran hacia atrás para ver por dónde se fue… y en este caso un Mickey Mouse que hace preguntar a mi sobrinito de cuatro años:

– ¿Mickey de verdad está en el cine?

A lo que yo le respondo: – Sí, Mickey de verdad está en el cine.

How, how, how… Feliz Navidad!!!

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Escrito por Arantxa Morán